ENTREVISTAS

Olvidé San Telmo: “Competimos con el teatro y con Netflix”

“Hoy por hoy hay un montón de espectáculos que compiten mano a mano contra una banda de música”, explica Ivan Deiana de Olvidé San Telmo, una banda que logra fusionar el folclore y el jazz con una impronta particular. Este próximo 3 de noviembre presentarán Lo que nace del suelo en el Teatro Caras y Caretas, con entradas ya en venta por el servicio Tu EntradaAntes de su show chalaron con Stereo.

¿Qué música los marcó a ustedes como banda?

Tenemos influencias bastante jazzeras sobre todo mías, de Carla y de Matías, el baterista. Después hay otras cosas de rock y de folclore, entonces esas tres cosas se combinan de una manera muy particular. Nosotros a la hora de hacer la música vamos aportando de lo que nos va naciendo. Y esto viene desde que somos chicos. En mi caso crecí escuchando Pink Floyd y María Elena Walsh. A partir de ahí empezó la locura. Ser conscientes en el sentido de que todo lo que nosotros escuchamos a lo largo de la vida se va comunicando y evolucionando.

¿Cómo reacciona el público a esta mezcla?

Tocamos un charango a siete manos, hacemos muchos chistes arriba del escenario, hay partes de poesía y está todo entrelazado por las canciones. Entonces, en los shows la gente se sorprende mucho porque piensa que va a ver solo música y se encuentra con un espectáculo con un montón de otras cosas.

¿Cómo surgió la idea de hacer un show que sea más que un simple recital?

Yendo a los recitales como espectador, empecé a sentirme aburrido. Estaba cansado de que las bandas suenen igual que en el disco. En algunos casos está bueno y hay un público para eso, pero no es lo que yo estaba buscando. Decidimos encararlo con los chicos para mejorar la experiencia. Tenemos nociones y algo estudiamos para poder llevar adelante los shows, pero no somos actores. Carla tiene un back medio de comedia musical, pero nosotros no, solamente nos divertimos mucho a la hora de hacer ensayos y tenemos una ‘performance’ entre nosotros. 

¿Pensas que esta clase de recitales viene de un cansancio de la gente de ver siempre lo mismo?

Es cierto que hay un cansancio, pero también hay otras cosas. Hoy por hoy hay un montón de espectáculos que compiten mano a mano contra una banda de música, no es como hace 15 años.  Renovarse es algo que tiene que pasar siempre pero hoy sobre todo. Hay mucha competencia, desde la obra de teatro hasta la gente que quiere quedarse en su casa mirando Netflix. Tenemos que ir y encontrarle la vuelta para que sea divertido, no solo para nosotros sino también para el público.

Han mencionado que desde Cromañón se está gestando un nuevo circulo cultural, ¿cómo ven su evolución?

Vivimos en una época donde todo es rápido, no hay tiempo para nada y todo evoluciona a la velocidad de la luz, pero hay cosas que tienen que hacerse con calma y dejar que maduren. Desde el 2004 hubo un cambio enorme. Empezó a haber una persecución en los centros culturales y los locales. En muchos casos está bien y en otros es una paranoia que lastima a los distintos semilleros culturales de la ciudad. Los lugares donde se tocaba en vivo, ahora hay música grabada de fondo y se empezó a dejar de lado a las bandas. Esto forzó a la aparición de espacios culturales paralelos y a que los músicos se empiecen a adaptar a estos nuevos lugares.

 

¿Qué es el “charango a siete manos”?

Desde el punto de vista del espectador se puede ver como una boludez pero requiere mucho tiempo de ensayo y de coordinación sobre todo. Hay que ir armándolo de a poco y se va preparando todo sección a sección. Encima el tiempo que tardamos en prepararlo es muy diferente cada vez. A veces decidimos hacer un tema y sale fácil y hay veces que no y hay que ir cambiando cosas. En vivo es amontonarse, poner las manos y que sea lo que Dios quiera. Tuvimos mil problemas en vivo pero también los errores son parte de la gracia. Una vez se nos desconectó el charango y tuvimos que volver a armarlo mientras hacíamos unos malabares rarísimos, pero eso es parte del show.

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