ENTREVISTAS

Richard Coleman: “El indie es una etiqueta”

Richard Coleman fue durante décadas el emblema de la música dark en la Argentina. De ojos delineados y uñas pintadas, supo marcar a toda una generación de jóvenes hambrientos de consumir un producto de culto. Hoy, después de más de 30 años, mantiene firme su esencia. En su nuevo disco, F-A-C-I-L, se pueden encontrar trazadas de ese primer Richard influenciado por los primeros discos de los Talking Heads o del plastic soul de David Bowie en Young Americans.

Hoy es la primera de sus dos presentaciones en La Trastienda Samsung. Coleman se vuelve a sumergir en las rítmicas funky y abandona las líricas reflexivas para entregarnos un disco fresco que nos haga “mover el pie”, pero antes dialogó con Stereo.

Trayendo un fragmento de F-A-C-I-L:  ¿Te dijeron que al final/ lo dificil es llegar?/ Si no puedo ver por donde camino/ Es momento de jugar con el destino”. ¿Sentís que se te hizo difícil llegar a donde estás ahora?

No necesariamente. Las dificultades están siempre, pero uno va para adelante. Lo que pasa que el camino es largo, entonces por ahí mirando para atrás es un viaje que tiene un montón de alteraciones, pero no. Porque en todo caso caeríamos en la sensación de que es una letra autobiográfica y en realidad lo que estoy diciendo son como obviedades que tienen cierta onda, sirven para todo. Entonces el que quiera tomarla como algo personal que la tome así, el que piensa que es algo que digo yo, también. Es parte del juego de las letras. Pero también jugar con el destino es arriesgarse, siempre hay que encontrar un buen momento para hacerlo, porque si das todo por hecho o te quedás en una zona de comfort no pasa nada nuevo y eso no está bueno.

(Foto: Rafael Ruiz)

Esta libre interpretación de las letras ¿es algo que buscás o que se da? Como los que dicen que la letra de Desechos Cósmicos los retrotrae a Space Oddity de Bowie.

Las letras las trabajo mucho, siempre hay un porcentaje alto de ambigüedad para que la canción sea lo más universal posible. Así es por lo menos en la música que yo hago o que me gusta escuchar, no me gusta que me digan las cosas hechas o sucesos. Las canciones que son anecdóticas a mi no me pegan, porque lo que uno trata es que el que te escucha se apropie de la canción y para eso tiene que participar. Si estás contando una historia, más allá de cierta empatía no pasa. Todo tiene muchísimas excepciones. Entonces lo que decís de Space Oddity puede ser válido. A mi me vino muy fuerte la imagen de 2001: Odisea en el espacio, dirigida por Stanley Kubrick que al final tiene una escena de un feto en un útero flotando en el espacio con un perfil muy grande que, para mi, es una imagen muy poderosa. Es una película que se hizo hace casi 50 años. Y andá a saber qué es lo que dice la película.

¿Por qué apostar al soul blanco y al funk en este momento de la escena local y de tu vida?

¿Por qué no? .Hay ciertas necesidades artísticas y variaciones de como jugar a esto que es el rock y me pareció que es un buen momento para recuperar un poco de cierto estilo y manera de tocar que hacía mucho que no ejercía. También me pareció bárbara la idea de patear un poco el tablero en vez de dar todo por hecho. Se da por hecho que tengo un estilo y una manera de tocar que si lo damos por cierto se termina ahí. Sin embargo, al abrir un poco el juego adquirís otra perspectiva de las cosas.

¿Buscaste reinventarte?

Siempre. En cada disco que hago el desafío es ese, revolver un poco y ver que sale a flote.

¿Crees que existe un sector de la crítica y el público que necesita encasillarte para entenderte? Muchos postularon al nuevo disco como el adiós al Coleman “dark”.

Yo creo que hay cierto público y cierta crítica que lo necesita para justificarse, justificar su propia necesidad de que las cosas no cambien por idealizar un momento. Yo no creo que sea la necesidad de todo el mundo, pero por suerte el que se enamora de mi personaje oscuro de hace 20 años tiene mi música grabada, para que ese momento permanezca firme e inmutable, y sea feliz así si quiere. Yo voy picoteando y tengo diferentes necesidades.

Me recuerda al primer show tuyo que fui a ver a La Trastienda cuando presentaste Incandescente, en donde se mezclaban un montón de personajes de distintas épocas.

Todos desconcertados.

Y aparte de desconcertados vestidos como para…

Para otro show —se ríe—.

Y otro Coleman.

¡Bienvenidos sean todos! Justamente la idea es que convivan todas esas posibilidades en mi música.

Pertenecer tiene su precio, pero ser independiente es más caro” ¿Qué te dice esta frase atribuida a Sebastian Ramos en su interpretación del tema que abre al disco?

Estar dentro del rebaño es complicado, siempre te la tenes que bancar, porque para formar parte de cierta élite hay un precio alto que pagar, tal vez para algunos alto y para otros más básico. Pero por estar fuera del rebaño hay algunas cosas que te perdés a las que nunca más vas a acceder.

(Foto: Rafael Ruiz)

Y en tu etapa Independiente ¿Que ganaste y que perdiste?

La verdad que nunca hice un balance de eso realmente. Yo me hice independiente cuando nadie quería editar Dark, de Los 7 Delfines. Teníamos todo el material para grabarlo y no conseguíamos ninguna discográfica, entonces dijimos “bueno, hagamoslo nosotros”. Básicamente es eso, pero yo soy un tipo de una generación que viene acostumbrado a trabajar con una compañía, que te de bola un sello y encontrar a alguien que crea que puede ganar dinero con tu producto, entonces para mí eso es lo más normal. Ahora, también lo normal es discutir y pelearte con esa gente que piensa que puede hacer dinero con lo tuyo y explicarle que lo puede hacer mejor, es parte del juego. Ser independiente te lleva a ocuparte de todo en persona y por ahí te pones a discutir con tus compañeros en vez de hacerlo con la compañía, y eso no está muy bueno. Cuando arranco solista también me encontré de alguna manera con que no tenía a una compañía que viera algo redituable en editar Siberia Country Club. Estuve meses golpeando puertas y nadie me escuchaba, golpeaba puertas y no me daban bola. Entonces en ese momento lo editamos de manera independiente. Cuando el disco ya estaba editado ahí apareció la compañía “como que no me llamaste?” Si te llamé, no me atendiste flaco”. Pero bueno, a partir de ahí empecé a trabajar con PopArt y encontré el apoyo que necesitaba.

¿Te sentís más cómodo con una discográfica?

En este momento sí. Ahora no puedo ser independiente, no me la bancaría, es mucho trabajo para una sola persona. Un artista solo y a mi edad es muy difícil, si tuviera 25 años y pudiera dedicarle todo mi a tiempo a la carrera sería distinto.

Hoy en día existe un auge de una gran cantidad de bandas independientes que deciden lanzar su carrera de esta forma. ¿Hasta dónde podés ser independiente?

Claro, ¿de qué sos independiente, no? (risas). Porque el problema es que terminas siendo esclavo de otras cosas. El indie es una etiqueta, hay maneras diferentes de administrarte y hacer el marketing, pero alguien lo hace. A mi nunca me pasó que una compañía me dijera que hacer, porque hay varios que levantan la bandera de “la discográfica me dice que canciones puedo hacer y cómo me tengo que vestir”, yo no lo viví.

¿Cuales fueron las etapas de composición del disco?

Hubo una primera etapa de composición de casi un año.

Después del CD/DVD Actual.

Sí, en realidad durante. Actual salió como una buena oportunidad de registrar lo que estaba pasando en vivo con la banda. Pero bueno, tuve una primera etapa de trabajo en la que resolví varias cosas de la parte artística que me resultaban interesantes y que me parecía que era un avance. Pero no podía resolver la parte de las letras, no encontraba nada que me hiciera sentir conforme, que me diera como para decir “superé algo”, “salí de mi zona de comodidad”. Entonces ahí encontré una traba que resolví al encontrar otra manera de componer. “En vez de hacer canciones voy a hacer temas basados en grooves y cosas más rítmicas” y ahí es cuando llego a este “funk” o “post-punk” por decirlo de alguna manera. Entonces, en vez de hacer canciones lineales, me puse a hacer música con un criterio más bailable. A partir del cual sabía que para trabajar letras en ese estilo no necesitaba relatar o contar una cosa tan lineal, sino que podía construirlo desde las frases, porque es una música que en realidad yo la veo como una sucesión de imágenes encadenadas que te llevan a un concepto general, y el estribillo que une todo.

Son como máximas.

Exacto. Entonces, una cosa es tener la idea y otra cosa es resolverlo. Cuando me senté a trabajar en las letras, ya lo con la música hecha, te diría que en una semana me salió primero la de F-A-C-I-L, que la terminé y me sentí bien. Dije: “bueno, sigo por acá”, y de ahí pasé a Sin un Plan. Hasta que llegué a un punto en el que me pareció que ya se había destapado la lapicera. Y ahí retomé las bases que había escrito antes como Para Sufrir de Verdad o Cuarto Secreto, Desechos Cósmicos, que me habían quedado las músicas pero no había podido resolver la parte lírica. Después de ahí ya pude escribir todo y en dos, tres meses terminé el material.

¿Y todas las canciones son de este período o hay alguna que tenías guardada en el cajón?

Todas las escribí desde el 2015 para acá. Llegué a escribir 25 bases, de hecho hay un tema que quedó afuera porque no quería hacer un disco que tenga más de 10 canciones, quería que tenga 40 minutos clavado. Y esta canción la estaba poniendo porque me gustaba, nada más, no era funcional al disco, entonces quedó afuera.

El problema es que si lo haces más largo es difícil que lo escuchen.

Nadie tiene tiempo ni la atención para sentarse una hora a escuchar un disco. Y a mi me interesa que F-A-C-I-L tenga por lo menos tres o cuatro escuchas completas. Que el tipo que va en el auto lo pueda escuchar de corrido, no los temas sueltos. Después sí, pero primero que lo escuche completo, todo es parte de un mismo paquete. Es como en el cine, la gente en su casa difícilmente se sienta a ver una película entera. Ve una serie que si tiene ganas se ve un capítulo y si le gustó ve dos mas ponele, pero sabes que podes parar. En cambio en el cine ya estás predispuesto a sentarte dos horas frente a la pantalla y eso te aleja un poquito. Es  culpa del déficit de atención en el cual estamos viviendo.

ESCUCHÁ F-A-C-I-L

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