ENTREVISTAS

Maximiliano Calvo: “Hay que dejar de ser gendarme del amor”

El solista rosarino Maximiliano Calvo presentó hace unos días de manera oficial su tercer disco, ‘Quema vol.2’en La Tangente. Es un trabajo de estudio producido por Tweety Gonzalez que consta de cuatro canciones que mezclan el candombe uruguayo, el folclore del litoral y el flamenco de España. El jueves 14 de septiembre realizará su último concierto en Buenos Aires en La Cúpula del Centro Cultural Kirchner.

Después de una extensa gira por Europa, de dar más de 60 conciertos, entre ellos, uno en un festival español de la comunidad LGBT para más de 15 mil personas, tocar con Jorge Drexler, y recorrer Uruguay y México con Onda Vaga, el artista argentino se sentó a conversar con Stereo, previo a su vuelta al continente europeo.

En una entrevista hace un tiempo mencionaste que “el rock perdió su encanto de ruptura”, ¿a qué te referis exactamente?

La frase está mal. Hoy por hoy todo perdió su encanto de ruptura, no veo revolución. Sí la veo en otros lugares, el Orgullo Gay o el “world pride” rompe con todo: los estereotipos, los prejuicios, las familias castas, con la política. Entonces pienso que rompe la gente que quiere romper, que faltan valientes. Y creo que la sociedad, los artistas tenemos mucho que ver. Hay que dejar de ser gendarme del amor, de la cultura, de la política, de la familia. Romper, para poder ser libre. Yo trato de hacerlo con mi música y, la mayoría de las veces, siento que no me sale, y me frustra, pero lo tengo como un objetivo.

¿Cómo te llevas con la insatisfacción de no lograr lo que buscas?

Muchas veces me autoboicoteo porque siento que no voy a poder hacer la música que quiero hacer y el arte como lo quiero mostrar. Mi idea no es ser sofisticado, simplemente quiero que mi música este teñida de mis influencias y cada vez que hago algo artístico me peleo mucho con eso porque es tan libertino que dejo de entenderlo. Soy muy caótico, desordenado, me cuesta terminar discos. Me ha pasado, también, en dejar que la aprobación venga de afuera y ahí es cuando necesito ir a lugares donde arranco de cero.

¿A dónde buscas escaparte para reencontrarte?

Escapo de mi mismo, por eso hago canciones, para dejar un rastro de mí. No hay un lugar propicio para desarrollarse artísticamente, a veces necesito hacer conciertos malos sin exponerme y tener una libertad súper bonita. Y para mí, cada sitio es ideal por un tiempo. Eso hace que me mueva para después recobrar la magia que sentía la primera vez que fui a ese lugar. Fernando Samalea una vez me dijo una frase muy linda que decía lo siguiente: “las ciudades se disfrutan mirando para arriba”, pensando en su arquitectura, su historia, cómo estaba dividida la sociedad. En Rosario me pasa que me voy y pienso “que increíble mi ciudad”, y cuando estás ahí, ensimismado en el día a día y en la vorágine, te perdés de esa magia. Cómo me siento en el lugar que me rodea tiene que ver con mi inspiración.

¿En qué momento de tu carrera estás?

En uno turbulento. Creo que la vida de un artista es muy turbulenta. Es muy difícil confiar en que uno es artista o que es parte de un movimiento artístico y estar seguro de que uno tiene algo para decir. Un día tocas frente a 15 mil personas, al otro día no sos nadie y estás tocando en Turquía en un hotel 5 estrellas para millonarios y nadie te escucha, te sentís un idiota. Vivir esos dos extremos me hizo crecer en mis excesos de sensacionalismo. No me pongo tan loco porque sé que son vaivenes. Aprendí disfrutar el turbulento medio.

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