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Valerian y la ciudad de los mil planetas, la nueva space opera de Luc Besson

El espacio o la última frontera son escenarios de miles de películas y franquicias como La Guerra de las Galaxias o Star Trek. En este vasto terreno de la space opera se encuentra Valerian y la ciudad de los mil planetas, el nuevo film de Luc Besson que nos llevará por un viaje entre las estrellas.

Basado en el cómic francés del mismo nombre, la película nos sitúa en un universo paralelo donde, al mejor estilo de The 100, las estaciones espaciales de los Estados Unidos y la Unión Soviética se juntan en el espacio y a eso, a lo largo de los años, se le suman el resto de países e inclusive alienígenas en un montaje con Space Oddity de David Bowie, de fondo. Luego de alcanzar un tamaño crítico, ese conglomerado debe abandonar la tierra en forma de un crisol de razas espacial que viajará por el cosmos.

La historia empieza 4000 años después cuando el mayor Valerian (Dane DeHaan) se levanta luego de un sueño donde ve la masacre de una raza alienígena. Luego de una discusión con la teniente Laureline (Cara Delavigne) ambos tienen que ir a recuperar un artefacto de unos ladrones en un bazar relacionado con el sueño que Valerian acaba de tener.

El film investiga ideas interesantes de la sociedad. Nociones de consecuencias por negligencia y violencia en los bajos fondos son algunos de los temas que Besson trata en el film, aunque no con mucha gracia, ya que el guión es anticuado y los diálogos están quedados en el tiempo.

Las actuaciones de los personajes principales siguen por el mismo camino. Tanto Dane DeHaan como Cara Delavigne dan actuaciones que se quedan a mitad de la tabla y, a diferencia de otros casos similares a este, el elenco de secundarios, conformado por Rihanna como Bubbles y Clive Owen como el comandante Arunt Fill, no logran destacar lo suficiente como para poder salir del cine sintiendo empatía con alguno de ellos.

No obstante no todo es malo con la película. La dirección de Luc Besson, quien había incursionado en la opera espacial con El Sexto Elemento, le logra dar un aire familiar al film que deslumbra con la fotografía y los efectos especiales.

Las luces le dan vida a este universo colorido que, salvo en las partes donde busca serlo, no se siente opresivo y sucio como otros films que sí lo terminan siendo. El diseño de los alienígenas, que fue hecho por dibujantes a lo largo de todo el mundo, le da un aspecto realista y único y logra formar su propia identidad para no quedar como “la nueva Star Wars”.

Por su parte la banda sonora le da ese toque de epicidad que necesita el género. La orquestación y el sonido futurista permiten moldear el ambiente para transformar todo en algo de vida o muerte, mientras que las canciones cantadas, como la que se escucha en el cabaret donde trabaja el personaje de Rihanna o la de los créditos finales, no quedan colgadas como si fuesen música que viene con la película sino que quedan como música hecha a medida para la película.

Valerian y la ciudad de los mil planetas no le va a cambiar la vida a nadie. Se ve bien y se siente bien pero los diálogos y las actuaciones le quitan un poco la sustancia a la película. Además, el exceso de publicidad que tiene termina inflando el producto transformándolo en algo muy esperado pero que lamentablemente no logra cumplir. Una obra que podría haberse inmortalizado junto a Star Trek, Firefly o Star Wars como un pilar del género pero que sólo quedará como una más.

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