INFORMES

El arte de improvisar

En la diversidad cultural argentina hay dos géneros musicales basados en la improvisación poética con públicos muy distintos pero igual de fieles: el freestyle y la payada. La popularidad del primero ha ido ascenso en los últimos años y se ha instalado definitivamente con una gran presencia en redes sociales como YouTube, Instagram y Facebook, además de las masivas competencias en vivo. Los payadores, por su parte, arrastran una tradición desde el siglo pasado y mantienen su vigencia al día de hoy en festivales de folklore, los cuales son sumamente populares.

Los orígenes de estas disciplinas son completamente distintos, sin embargo, existen puntos de contacto. La métrica y la discusión dialéctica unen a estos dos estilos musicales de manera transversal. La payada, surgida en Latinoamérica a principios del siglo XIX, es considerada un arte poético musical en el que una persona, el payador, improvisa rimando acompañado de una guitarra. Cuando se “enfrenta” a otro payadorse denomina contrapunto y durante esa batalla los contrincantes su turnaran para enviar un ataque recitado y rimado para luego recibir una respuesta. En el Rap, surgido en Estados Unidos en la década del 60, sucede algo similar. Cuando dos raperos MC’s, tienen un enfrentamiento, se denomina “batalla de gallos”. Hay un ataque y una respuesta hasta que el jurado define un ganador.

Estas son las dos artes de improvisación por excelencia y ambas tienen amplia difusión en el país. “Hay algo común entre el payador y el rapero”, explica el payador de la Matanza, Ángel Barrera, y agrega: “los dos improvisamos. Tenemos formas distintas, ritmos, lenguaje, vestimenta, pero con un mismo fin de manifiesto: Expresar lo que pensamos y sentimos, repentinamente, cantando”.

Al momento del contrapunto o la batalla de gallos las diferencias entre las dos disciplinas vuelven a manifestarse. La argumentación en las batallas de rap suelen tener un tono más violento o elevado, no por esto menos desafiante que la de los artistas folklóricos. A pesar de la percepción que se pueda tener sobre la relación que tienen los contrincantes luego de batirse a duelo, los protagonistas explican que esto no genera ningún “resentimiento” entre los competidores.

“El enfrentamiento, el contrapunto, sucede en el plano de la ficción. Todo lo que se dice está contemplado por ese contexto. Son dos actores”, argumenta uno de los impulsores el movimiento internacional de improvisadores Juglares del Mundo, el payador Wilson Saliwonczyk, y agrega con cierto humor: “dos personas pueden tener problemas personales pero eso no tiene que ver con la payada. La payada sucede en el plano de lo simbólico”.

Matías Berner, conocido popularmente como Muphasa MC, uno de los organizadores de una de las competencias más importantes de freestyle en Buenos Aires, el Quinto Escalón, valida lo que dice el artista folklórico: “una vez que termina la batalla nos damos la mano y nos olvidamos de eso que nos dijimos. Es una competencia y ambos participantes quieren ganar”

Tanto los payadores como el raperos creen que este es un momento favorable para la difusión de sus respectivos géneros por distintas razones. Saliwonczyk  sostiene que la payada está en un momento histórico. “Con la llegada de los medios de comunicación masivos se aceleró esa transmisión de conocimientos. Esto provocó que se hiciera más popular el género. Ya no es necesario que haya un maestro enseñándole personalmente a su aprendiz a payar. Lo puede ver por internet”, señala el artista folklórico.

Asimismo, Muphasa coincide con su colega: “En últimos años entró mucha gente nueva que modificó lo que significaba popularmente ser rapero o rapear. Hay nuevamente MC’s grabando discos, haciendo videos, tratando de mejorar su métrica. Hay más demanda y por lo tanto mucho más material”.

Parte de este crecimiento paulatino que está atravesando el género más antiguo se debe a que lentamente algunas características arraigadas al pasado o sus orígenes se han ido modificando. “Aunque nos cuesta, nos atrevemos a utilizar nuevos términos provenientes de otros idiomas o del nuevo lenguaje reproducido por distintas clases sociales”, argumenta Barrera. Sin embargo, su par, Saliwonczyk, es mucho más crítico en este aspecto: “la payada debería aprender del hip-hop a actualizar su discurso. Cobrar esa frescura urbana que el rap tiene para hablar de la actualidad. Hay muchos nuevos payadores urbanos que cantan como si fueran rurales, y agrega: asimismo creo que el rap en Argentina debería, en algún momento, hacer una autocrítica en lo que respecta a su identidad. Sus muletillas y su lenguaje están demasiado minados por la cultura estadounidense”.

 

A pesar de estas aseveraciones, Muphasa disiente con ellos: “Hay mucha diferencia entre las dos disciplinas. Sus orígenes son distintos y los temas de los que hablan, también lo son”, y agrega con cierto cinismo: “No sé si puede uno aprender mucho del otro. Con que los payadores conozcan el rap y viceversa es suficiente”.

Nota anteriorPróxima nota