UNDERGROUND

Nexo en el Festival JAEBA

Pero… ¿tocan en cinco minutos y están así?“, decía la maquilladora mientras terminaba de pintar la cara del baterista mientras la banda descansaba en los sillones, relajada, hablando de la vida. El productor de la decimotercera edición del Festival JAEBA —Jóvenes Artistas Emergentes de Buenos Aires— entró al camerino y avisó que ya era su turno de tocar. Los NEXO cargaron sus instrumentos y se acercaron al escenario del Emergente Alamagro .Aplaudiendo al dúo que se retiraba, subieron y comenzaron a enchufarse.

El público, con una botella de cerveza cada tres personas, no era del todo conocido por el grupo, por eso sabían que no era una fecha más. Empezaron con Aire, una canción instrumental a la que ni las cuerdas vocales del cantante, Ezequiel Marano, se pudieron resistir. Acompañó la melodía que dibuja siempre la guitarra en el clímax del tema.

Luego vino Ícaro y Dédalo, y la voz pasó al primer plano. Se vivió un momento relajado, la gente aprovechó para sentarse en el piso, prender algún cigarro, o ir a comprar una bebida desconcertantemente cara para cualquier habitué de esta clase de espectáculos.

De todos modos, esta breve tranquilidad cesó cuando empezó a sonar el QuNeo que con sus sonidos que indican que Za(r)pada en G(ato) estaba por comenzar. En el medio de la canción, todo volvió al silencio y arrancó nuevamente el leitmotiv del controlador, seguido casi inmediatamente por la batería y luego por el resto de los instrumentos. Ahí explotó El Emergente e incluso un espectador comenzó a bailar solo en el medio de la pista, entre todas las caras concentradas intentando seguir el delirio musical.

Entonces Marano sacó el micrófono del pie y se acercó al centro del escenario, con la frente llena de plumas, y cantó: “No tengo tiempo para nada… Todo el día tirado en la cama“. Se llenó el espacio de funk, manteniendo viva la energía. Luego, el ambiente pareció relajarse cuando en el medio del tema, Cronológico, un corte de luz parecido al del barrio de Almagro durante la última semana engañaba a los concurrentes: en menos de dos minutos los platillos estallaron y volvió la lírica y el agite.

Finalmente se presentaron al público. Guido Reynoso, a un costado, en el bajo; Marco Grispo, sentado adelante con mucha presencia, en la guitarra eléctrica; detrás suyo, Valentín Grispo, reventando la batería; y Ezequiel Marano, en las voces, los teclados, y los sintetizadores.

Con la llegada del tema Todo Para se escuchó un eco generado con la consola en la voz cantante que parecía responderle cada cosa que decía. Cuando parecía estar sentenciado, se escuchó un grito: “¡Jazz!”, y los otros tres instrumentos fabricaron una improvisación con mucha onda que acaparó la atención del encargado del festival, que se ubicó al lado del escenario a menear la cabeza al ritmo.

Marano anunció que era el momento de la última canción y recomendó a los espectadores quedarse a ver a las siguientes bandas, insistiendo en que la movida del festival está muy buena“. Cerraron con La risa. Al terminar, debido a la cantidad de shows que proponía el festival en tan poco tiempo, el telón se cerró de repente y sin dejar una pequeña ilusión de un bis.

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