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Guns N’ Roses 23 años después

Guns n’ Roses volvió al Estadio de River Plate. Por primera vez en 23 años, Axl volvió junto a Slash, Duff McKagan, miembros originales, y Dizzy Reed, quien se sumó a la banda a principios de los noventa. Además, contaron con un invitado de lujo: Steven Adler, baterista de la primera formación.
Días antes surgieron los rumores acerca de la presencia de Adler en el país, lo que aumentó la ansiedad entre los fanáticos, ya que ninguna cuenta oficial vinculada a la banda lo confirmaba.
Durante el día, miles de fanáticos esperaron bajo un sol abrumador de Nuñez para reencontrarse con los Guns. Algunos acamparon desde la noche, otros se sumaron durante la mañana y esperaron hasta las cuatro de la tarde, hora en la cual se abrieron las puertas del Estadio.
Con el paso de las horas, el estadio se poblaba cada vez más. Hacia las nueve de la noche, cuando las pantallas proyectaron el logo de la gira, la ansiedad se volvió casi palpable. Crecieron los coros, los gritos, las “mareas humanas”. El equipo de prevención comenzó a sacar personas del campo común. Jóvenes al borde de la descompostura, con las remeras mojadas por calor; algunos aliviados y otros, derrotados, intentaban saltar la misma valla de vuelta para recuperar su lugar en el campo, intentando evitar a toda costa el camino indicado por el staff, que los llevaría de regreso hacia la parte trasera del Estadio.

 

Cuando todo parecía estabilizarse, una estampida repentina volcó las maderas que separaban el costado derecho del campo común y el VIP. Tras un breve lapso de caos, invadido por la incertidumbre del retraso del show y la mínima posibilidad de su cancelación, el staff restableció el vallado. Todo pareció calmarse hasta que unos diez minutos después, el Monumental quedó a oscuras, iluminado únicamente por las pantallas de los celulares, que se multiplicaban a cada segundo. La intro de Looney Tunes comenzó y la histeria se volvió incontrolable. La banda subió a escena cuarenta minutos después de las nueve para recibir a sus fanáticos con It’s so easy y Mr Brownstone, adelantando una noche cargada de clásicos. Siguió Chinese Democracy, del álbum homónimo, y luego el estadio quedó a oscuras. Transcurrieron unos instantes hasta que Slash hizo sonar el riff de Welcome to the Jungle, convirtiendo ese recital en una misa. Guns n’ Roses había vuelto. Esta vez eran ellos.
La lista de temas siguió con Double Talkin’ Jive y Estranged, Live & Let Die y Rocket Queen, pertenecientes a los discos de su época dorada.
Más adelante, el estadio quedó a oscuras y sólo unas luces rojas iluminaban el centro del escenario, donde Slash tocó su solo de Speak Softly Love –del soundtrack de El Padrino. Hacia el final, con un público hipnotizado, el tema se fundió con la intro de Sweet Child O’ Mine, que desató nuevamente los gritos, coros y aplausos.
El momento más esperado de la noche tuvo como protagonista a Steven Adler, baterista original de GNR. Adler ya no formaba parte de la banda cuando la gira “Use Your Illusion Tour” los trajo a principios de los noventa. El músico apareció en escena con su carisma habitual: sonrió y saludó al público eufórico antes de ocupar su lugar para tocar Out Ta Get Me. Esta fue la primera vez que los argentinos vieron al baterista junto a sus excompañeros de banda.
Luego siguió los covers de Wish You Were Here (Pink Floyd), durante el cual los dueños del escenario fueron Slash y Richard Fortus, y Layla (Eric Clapton) en una versión de piano que se fundiría con la intro del clásico November Rain.
Hacia el final, siguieron Knockin’ on Heaven’s Door, Nightrain y Don’t Cry, para culminar con Paradise City, tema que coronó una noche histórica para todos los fanáticos que soñaban hacía tiempo con este regreso.

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