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De La Gran Piñata en Vorterix y Flores: El desafío del Doble o Nada

De La Gran Piñata, una banda que ya supo ganar una convocatoria que crece de manera constante, tuvo este sábado y domingo su primer gran desafío de teatro doble en Colegiales y Flores, respectivamente. Así fue como le propusieron a su público y a curiosos, tocar su discografía completa a lo largo de las dos veladas. Y cumplieron.

En la primera noche, con un teatro Vorterix agotado y una marea de gente coreando como si fuese una cancha, La Piñata, como cariñosamente los llama la mayoría de sus fanáticos, salió al escenario con Tu Can, con melodía y letra fuerte, como para dejar en claro quiénes son y qué es lo que están dispuestos a dar. Por otra parte, la segunda noche contó con la apertura de la mano de Despertador, tema que pertenece a su primer trabajo Miércoles, un gran conocido en el pogo piñatero.

Con un repertorio explosivo y por momentos muy emotivo, pero no por ello menos enérgico, recorrieron su historia. En los ojos de quienes estaban debajo, se nota que también pasan por la vida de cada uno, por sus amores, sus familias, sus amigos. Tanto es así que a veces era difícil distinguir la voz de la gente a la de Panter (Darío Giuliano), que posee una de las más graves y definidas de nuestro rock. El público toma parte fundamental en esta banda y lo hace notar en cada ocasión.

Cuando llega Norte, una de las canciones emblemáticas del grupo, todos se sentaron en el piso a admirar como un solitario cantante deja chiquito un escenario que sabe albergar a grandes artistas nacionales e internacionales. Pocas veces se ha visto tal muestra de contemplación como en esos cuatro minutos en los que nada más importa. Por esas pruebas de cariño es que ellos se distinguen y logran captar una esencia de familia, que empuja toda para un mismo lado e infla a la gran piñata.

Hubo un solo cover a lo largo de este “recital partido al medio” como en algún que otro instante supieron denominar; y ese espacio fue destinado a La Memoria del gran León Gieco, que sucedió a 30.000 Luces, una protesta y a la vez el himno de lucha que los identifica hace ya varios años. “Tuvimos la buena noticia del nieto recuperado número 121” se escucha decir al vocalista entre medio de sonrisas, emoción y una ovación generalizada hacia ellos, pero por sobre todo, a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

La puesta de escena que emprendieron fue extraordinaria. Si bien no es la primera vez que la atención corre a las visuales o a la iluminación que eligen show a show, esta sin dudas, es la vez en la que mejor se lució todo el trabajo de un equipo que no para ni cuando la función está por finalizar. Acompañando cada temática, unas visuales circulares muestran qué quieren decir, y así los llevan por cada matiz que compone el viaje al que los invitaron.

No siempre es fácil relatar momentos en vivo, ni tratar de explicar mediante palabras las imágenes que se nos vienen a la cabeza. Pero en este caso, no es así. Se puede plasmar todo esto que se cuenta gracias a la vorágine que se vive, al asombro generalizado frente a cuatro personas que parecen diez y hacen un lío hermoso en cualquier escenario que les dé el lugar para demostrar porqué cada vez más gente habla de ellos, de su capacidad y de la entrega que se vive. Es una de las tantas apuestas nacionales, en la actualidad, que no tiene techo y puede alcanzar lo que se proponga.

 

 

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