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Entre llantos y ovaciones: Sig Ragga deslumbró Vorterix

Empezó a sonar el teclado y la gente se puso eufórica. Entonces el telón se abrió. Como de costumbre, en fila y de izquierda a derecha, Juanjo Casals al bajo, Ricardo “Pepo” Cortés en la batería, Gustavo “Tavo” Cortés en voz y teclados y Nicolás González en la guitarra. Tras la introducción empieza a sonar el primer tema de la noche, Chaplín. Después sonó Puntilla if kaffa, mezcla de los lenguajes africanos y el francés, por momentos parecía que el cantante estaba oficiando una misa, un ritual.

Vestidos como monjes o seres de otro planeta, con túnicas blancas y pintados de plateado, continuaron con el show. Empezó a sonar un calmo arpegio, era la introducción de Pensando. Para el final del tema Gustavo se paró, pasó al frente y comenzó a practicar su mántrica e histriónica danza. Después tocaron En el infinito y volvió a su lugar frente a los teclados.

Pasó un largo tiempo hasta que se escuchó el primero de los temas del nuevo disco, La Promesa de Thamar. Fue el turno de Ángeles y Serafines. Tras los aplausos empezó a sonar el estridente riff de Un Grito Impotente. “Esto es Sig Ragga” se escuchaba a alguien gritar entre el públicoLa ovación de la gente se hizo sentir con Girasoles.

Continuaron con Niño y Como un tren a las nubes, una fusión de tango, folclore, reggae y rock. El cantante empezó a hacer palmas, el público, fiel, también. Y empezaron a tocar Escalera y barco, con la que se llevaron la segunda ovación de la noche. Hubo un silencio. Gustavo acomodó el micrófono, probó el teclado, sonó un acorde y lo identificaron al instante, era Feliz. Esta vez los aplausos se los llevo el guitarrista, que ejecutó un magistral solo.

De nuevo empezaron a sonar las palmas para acompañar a Tamate, en donde el cantante se incorporó de nuevo y hacía unos pequeños saltitos fijos en el lugar al ritmo de la guitarra. Después aparece el primer y único pogo del show, Matata, que recuerda a una tarantela.

La banda tocó Orquesta en descomposición, dió un paso al frente, agradeció al público y se cerró el telón. Se sintió cierta incertidumbre, algunos querían más, pero los llantos de otros demostraron que fue más que suficiente.

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